Buenas noches. No esperaba verte hasta pasado mañana. A pesar de todo, me alegro sinceramente de verte. Quizás deberiamos hablar. De todo lo que me pasa. Debo olvidarte, y lo sabes. Debo hacerlo para bien de los dos. Los hilos que siguen nuestros destinos nos llevan a madejas diferentes. Lo nuestro no es más que un pequeño e incidental nudo en un largo camino. Un nudo del cual no acabo de encontrar la salida, y al que sigo dando vueltas para encontrar la otra parte del hilo, sin ver después de ella. Cuando estoy contigo no puedo dejar de verme como una sombra. Podré estar contigo, seguir tus movimientos, sentirme atraído a ti. Pero nunca podría tocarte, nunca podría abrazarte ni podría hablarte. Las sombras tienen cara, piernas y brazos, pero no tienen ojos, ni boca, ni tacto, ni son independientes. No quiere decir que me sienta mal contigo, que sienta odio por ti. No es culpa tuya. Es sólo problema mio. Y yo lo debo arreglar antes de que también lo sea tuyo. Lo último que quiero es que gastes un solo lapso de tiempo en preocuparte por mi. Duerme profundamente, no pienses en nada que estorbe tu sueño. Pero antes, déjame decirte una cosa. Vigila tu camino de la vida. Observa a izquierda y a derecha. Vigila los salteadores y las brujas. Cuídate de magos y hechiceros que te ofrecen filtros mágicos y recetas para sobrevivir. No confíes en el lobo aunque venga con la piel de cordero encima. A tus preciosos ojos no deben confundir estos lujosos puentes hacia mundos desconocidos y seguramente inhóspitos. Y vive tu vida lo mejor que sepas. Buenas noches, mi amor.